Columna 3: Inteligencia. Inteligencia como facultad mental Vs. Inteligencia del corazón
- José Luis Taddei

- 14 ene 2023
- 5 Min. de lectura
Por José Luis Taddei.

Hablar de inteligencia, por lo general, está relacionado con la facultad mental que permite aprender, entender, razonar, analizar y tomar decisiones para resolver una determinada situación, o para formarse una idea de la realidad.
En mayor o menor grado, todos contamos con este tipo de inteligencia. Sin embargo, esta facultad, en ocasiones, resulta torpe o se siente inútil para resolver ciertas situaciones. Una frase clásica que la identifica y que suele decirse cuando se enfrenta un escenario desafiante es, ¡No sé qué hacer!
La inteligencia, correspondiente a la tercera columna de la sabiduría, nada tiene que ver con la inteligencia que viene del área mental, surge de nuestra esencia espiritual, de la inteligencia del corazón.
Frases que son muestran de esta inteligencia, son: Escucha o sigue lo que dice tu corazón. Decide con el corazón. Tuve una corazonada. Hay que verlo con los ojos del corazón. Lo estoy meditando en mi corazón. Te lo digo desde el corazón. Te hablo con el corazón en la mano. Háblale de corazón a corazón.
De frases metafóricas como estas, llenas de sentido, coherencia y significado, investigaciones científicas de las últimas décadas, están proporcionando evidencia de la profunda verdad que encierran.
Salomón enseñó que el corazón y no el cerebro, es el centro de la profunda sabiduría y la puerta de acceso al conocimiento del reino de lo invisible. Lo había aprendido de su padre, el Rey David, quien escribió: “Mi boca hablará sabiduría, y el pensamiento de mi corazón inteligencia. Salmo 49:3.
En diversos pasajes, en su libro del Eclesiastés, Salomón señala: “Hablé yo en mi corazón”. “Mi corazón ha percibido mucha sabiduría y ciencia”. “Dediqué mi corazón a conocer la sabiduría”. “Fijé mi corazón para saber y examinar e inquirir la sabiduría y la razón”. “Dije yo en mi corazón que esto eras vanidad”. “Propuse en mi corazón”. “He puesto en mi corazón”.
Salomón sabía, con base en la sabiduría que había recibido de Dios, que en la inteligencia del corazón encontraba respuestas, sin apoyarse en la memoria de experiencias pasadas o en la esfera intelectual, teniendo con ello un conocimiento inmediato y eficaz.
Sabiendo de su importancia, en su Libro de los Proverbios, Salomón insiste constantemente: Sabiduría, ante todo; adquiere sabiduría; y sobre todas tus posesiones adquiere inteligencia. Pro. 4:7.
Conocedor de que el vehículo que conduce a la inteligencia del corazón, es la sabiduría, dijo: Cuando la sabiduría entrare en tu corazón, y la ciencia fuere grata a tu alma, la discreción te guardará; te guardará la inteligencia. Pro. 2:10-11. Sin embargo, hoy a la sabiduría se le considera más como una virtud, que como una ciencia que se deba estudiar y practicar.
Más que una bomba impulsora de sangre.

En los últimos siglos, el corazón humano fue considerado por la biología sólo como un potente músculo, cuya función fisiológica es bombear sangre a todo el cuerpo; pero el corazón es el centro de nuestra existencia, el sitio donde radica nuestro ser y está vinculado a la sabiduría e inteligencia divina.
Todas las culturas antiguas reconocieron esta sabiduría. Sabían que había algo superior a lo que estaban conectados. Por ello lograron penetrar en los secretos de la naturaleza para descubrir, las leyes de la esfera espiritual, a través de la contemplación meditativa del universo y de la naturaleza.
Un ejemplo actual, es la historia que escuché de un antropólogo quién, visitando una de las partes más escondidas del Amazonas, le preguntó al curandero, al médico de la tribu, como sabía que una determinada planta contrarrestaba en el cuerpo, una enfermedad específica; o dos plantas unidas, tenían un determinado resultado en el organismo, en un sitio, donde hay decenas de miles de diferentes plantas, y donde por ensayo y error, sería imposible saberlo.
La respuesta lo dejó asombrado. Lo sé, dijo el curandero, porque la planta me lo dice. La inteligencia divina está conectada con todo, y cualquier pregunta que hagamos nos responderá, porque hay una promesa vigente: Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces. Jer. 33:3.
Este conocimiento no es aceptable racionalmente para los seres humanos, pero si somos conscientes de que estamos conectados con todo y con Dios, podemos tener acceso al tipo de sabiduría a la que accedió Salomón.
Asombrosos descubrimientos.
En las últimas décadas se han hecho descubrimientos científicos importantes, que han demostrado que el corazón, es mucho más que lo que se piensa de él.
La Universidad de Cambridge invitó a un grupo de personas a ser parte de una investigación científica. Llevaron a cabo un experimento en el qué, a los participantes, les presentaban en un computador, situaciones de vida simuladas sobre las que debían tomar una decisión.
Tenían dos opciones para elegir. Una tenía un resultado favorable, y la otra uno desfavorable. Durante la prueba, sus latidos cardíacos eran monitoreados con el fin de observar, la forma cómo reaccionaba su corazón, justo antes de que tomaran su decisión.
Al término del ejercicio, los resultados mostraron que justo antes de tomar la decisión que iba a ser favorable, el corazón latía de cierta manera. Cuando la respuesta que iban a elegir sería desfavorable, el corazón latía de manera distinta. Con ello concluyeron que el corazón, antes que el cerebro, supo si la decisión que iban a tomar, era favorable o no.
Lo asombroso, es que esta práctica se llevó a cabo con los antiguos israelitas, miles de años atrás, cuando querían conocer la voluntad de Dios en casos concernientes a asuntos importantes de la nación, y donde no era aceptable el error humano.
Para saberlo, el Sumo Sacerdote procuraba el consejo divino utilizando el Urim y el Tumin, pequeños objetos sagrados que se desconoce de dónde surgieron, cómo eran y de que estaban hechos. Uno de los objetos indicaba una respuesta afirmativa o favorable, el otro una respuesta negativa o desfavorable.
El pectoral del sumo sacerdote, donde estos objetos sagrados se colocaban, llevaba los nombres de las doce tribus de Israel, grabados sobre 12 piedras preciosas diferentes, dispuestas en cuatro hileras de tres piedras cada una. (Ex. 28:15-21). En el interior del pectoral, justo frente al corazón, se colocaba el Urim y el Tumim.

Esta fue la instrucción. Y pondrás en el pectoral del juicio (De mishpát,que significa veredicto) Urim y Tumim, para que estén sobre el corazón de Aarón cuando entre delante de Yahvéh; y llevará siempre Aarón el juicio de los hijos de Israel sobre su corazón delante de Yahvéh. Éx. 28:30
El sumo sacerdote hacía una pregunta, se lanzaban las piedras, y según el lado en el que caían, la respuesta era negativa o positiva. En el idioma hebreo, Urim significa luces y Tumim, significa perfecciones; por lo que son traducidos como la luz y perfección de la voluntad divina.
El estudio de la Universidad de Cambridge y lo señalado respecto al Urim y Tumim, muestran que hay una inteligencia en el corazón, a la que, reitero, sólo se tiene acceso por la adquisición de sabiduría; que cuando haya que tomar una decisión, nos da luz, y su respuesta es perfecta, porque el corazón no se equivoca, la mente sí.
De allí que Salomón afirmó: El sabio de corazón es llamado prudente. Pro. 16:21. Porque sabe distinguir, entender y discernir (que es el significado de prudente en el lenguaje original), los hechos de vida.
Continúa…
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