COLUMNA 1 DE LA SABIDURÍA. CONOCIMIENTO O SABER. (Parte 6)
- José Luis Taddei

- 26 nov 2022
- 7 Min. de lectura
Por José Luis Taddei.

De la primera columna de la sabiduría, la del conocimiento, me ha tomado varios capítulos hablar tan sólo del conocimiento de uno mismo, un tema en el que se podría abundar. Sin embargo, el conocimiento de la sabiduría abarca mucho más, de tal manera, que se podría hacer un libro tan sólo, de esta que he considerado como la primera columna de la sabiduría.
Como ya lo expliqué en un capítulo anterior, la sabiduría es un conocimiento profundo que va más allá de los conocimientos intelectuales, de la acumulación de conocimientos teóricos o técnicos o de la experiencia que se posee.
El más grande conocimiento que pueda existir o la más potente inteligencia palidece, en comparación con el alcance y profundidad que la sabiduría posee. De allí la constante exhortación de Salomón de que, por sobre todas las cosas, adquiramos sabiduría e inteligencia; que esta última, como lo veremos posteriormente, nada tiene que ver con la inteligencia natural propia de todo ser humano, en la que nos apoyamos para adquirir el conocimiento cultural intelectual.
A través del conocimiento cultural intelectual adquirimos el arte para hacer cosas, lo que puede llevar al éxito en sus diferentes ámbitos; pero con la sabiduría que estamos estudiando, con la que enseñó el Rey Salomón, adquirimos conocimiento en el arte de vivir.
Es cierto, hay quien logra grandes cosas gracias al conocimiento acumulado intelectual que tiene, pero dentro de todas esas cosas que hace, quizá es ignorante en el arte de vivir. Este es un resultado exclusivo de la adquisición de sabiduría.
¿Cuál es el fin de nuestro paso por esta tierra? No es sólo vivir como podamos, sino vivir con calidad de vida, con satisfacción personal y plenitud, siendo lo que debemos ser y dando todo lo que podemos dar, para tener todo lo que merecemos recibir.
Esta es sabiduría. Desde el punto de vista físico no venimos a esta tierra, salimos de ella; es nuestra naturaleza a nivel corporal. Pertenecemos y somos la naturaleza, donde también existe una sabiduría que es inmanente, que está unida de modo inseparable a nuestra esencia, a nuestro espíritu; y está adherida a nuestra alma, a nuestro ser.
En esta sabiduría que es intuitiva, hay un conocimiento vivo que poseemos a nivel orgánico, que habita en nuestro ADN, en cada una de las células de nuestro cuerpo, como existe en la naturaleza de la cual venimos, pero no lo sabemos. Es una sabiduría sustentada en la sabiduría y vida que viene de la Fuente.

El físico y matemático alemán Max Planck señaló: "Como un hombre que he dedicado mi vida entera a la ciencia más lúcida, al estudio de la materia, puedo decirles, como resultado de mis investigaciones referentes a los átomos lo siguiente. ¡No existe la materia como tal! Toda la materia se origina y existe solamente en virtud de una fuerza que hace vibrar las partículas de un átomo, y mantiene unido este minúsculo sistema solar que el átomo es. Debemos asumir que detrás de esta fuerza, está la existencia de una Mente consciente e inteligente. Esta Mente es la Matriz de toda la materia."
Y yo añado. De esta Mente que es la Matriz de toda la materia, es de donde surge la sabiduría que mantiene vivo nuestro cuerpo, que le permite sanarse a sí mismo y actuar con sus diferentes sistemas sin que tengamos que intervenir en ello; y que también mantiene en perfecta armonía nuestro universo. Por ello Salomón dijo:
El principio de la sabiduría es la reverencia a lo estupendo, lo formidable, lo maravilloso, a Dios; Sin embargo, los torpes desprecian la sabiduría y la enseñanza. Libro de los Proverbios 1:7.
Por esta razón, el rey Salomón excedía a todos los reyes de su tiempo en riqueza y en sabiduría. Tanto, que procuraban estar ante él para oír de la sabiduría que Dios le había dado. Esta era mayor que la de la gente de oriente y que toda la sabiduría de los egipcios. La fama de su sabiduría era conocida en todas las naciones alrededor de su reino; y para escucharle, venía gente de todos los pueblos y todos los reyes de otros lugares. (2º. Libro de las Crónicas 9:22-23 y 1 libro de los Reyes 4:30-34).
Cuando disertaba sobre una pequeña planta, sobre los árboles, los animales, las aves o los peces; su enseñanza no era respecto a si eran vertebrados o invertebrados, o hablaba de la botánica, sino de aspectos mucho más profundos.
Por ejemplo. Conocía que hay un impacto tangible e innegable en nuestros asuntos de vida, cuando utilizamos palabras que están cargadas con una emocionalidad positiva; y por eso enseñó: “El hombre será saciado de bien del fruto de su boca” Pro. 12:14.
En esta frase hay tres palabras clave. La primera es el verbo Saciar, que viene de la raíz hebrea

La segunda es Bien, que viene de la raíz

Y la tercera es Fruto, que viene de la raíz

Así, desde la comprensión del lenguaje original, lo que Salomón enseñó respecto al lenguaje expresado con sabiduría, fue: El hombre se llenará a satisfacción, tendrá abundancia y estará colmado en el sentido más amplio, de cosas buenas, bienes, alegría, bienestar, éxito, felicidad y prosperidad, producido y multiplicado por lo que sale de su boca.
Pero también dijo: Hay hombres cuyas palabras son como golpes de espada; más la lengua de los sabios e medicina Pro. 12:18. En la primera parte de este proverbio, la palabra Golpe de la raíz

Mientras que para Espada, su raíz es

Desde su lenguaje original, esta primera parte del proverbio dice: “Hay hombres cuyas palabras apuñalan y llevan a morir de hambre, (de ternura, cariño, amor, comprensión, aprecio o reconocimiento) causando desolación y destrucción (de la autoestima y confianza en sí mismos).”
Y la segunda parte dice: Pero la lengua de los sabios e medicina. Donde medicina, de la raíz hebrea

Andrew Newberg y Mark Robert Waldman en su libro, Las palabras pueden cambiar tu cerebro, escriben: “Una sola palabra tiene el poder de influir en la expresión de los genes.
Las palabras positivas relacionadas con paz y amor, pueden alterar su expresión, fortalecer las áreas en los lóbulos frontales, promover el funcionamiento cognitivo del cerebro, mover los centros de motivación a la acción y crean resiliencia”.
Por el contrario, señalan: “El lenguaje hostil puede interrumpir genes específicos que juegan un papel clave en la producción de neuroquímicos que nos protegen del estrés”. Salomón lo expresó con claridad cuando dijo: La muerte y la vida están en el poder de la lengua... Pro. 18:21.
Salomón también sabía lo que siglos después la ciencia descubrió, que las emociones tienen un impacto, positivo o negativo, en el cuerpo. Sobre esto señaló: El corazón alegre constituye buen remedio; mas el espíritu triste seca los huesos. 17:22
Y es cierto. El cuerpo habla y muchas veces grita a través de la enfermedad. Cada emoción que la persona vive por cosas del pasado que la torturan, su cerebro libera unas sustancias químicas llamadas neuropéptidos, mensajeros que viajan por el cuerpo hasta las células, y son las que llevan a experimentar los sentimientos o emociones. Es decir, ninguna emoción puede ser manifestada, si no hay una sustancia química específica que la produzca.
La ciencia ha demostrado que la repetición de emociones como la tristeza, la ansiedad, el enojo, los traumas, los sentimientos de culpa, los conflictos no resueltos, la falta de perdón, la furia o la depresión, derivados de vivencias pasadas que torturan, llevan a la enfermedad y a una esperanza de vida más corta.
Cuando Salomón enseñó que el espíritu triste seca los huesos, se debe a que, en el adulto, las células madre, cuya función es generar células sanas para reemplazar las células enfermas y reparar o regenerar tejidos enfermos o dañados en las personas, se localizan en la médula ósea, la sustancia blanda y esponjosa que hay en el interior de los huesos; lo que coloquialmente conocemos como tuétano.
Aunque la disminución en la renovación de las células madre indudablemente conduce a trastornos relacionados con la edad, está claro que este "agotamiento de las células madre" es realmente una consecuencia del daño del ADN.
La profunda sabiduría de Salomón lo llevó a comprender los procesos que hay en el organismo; cómo no iba a quedarse asombrada la gente con lo que escuchaba, en esos tiempos en los que no se tenía la más mínima idea de cómo funcionaba el cuerpo.
Son muchos los ejemplos de la profunda sabiduría que está detrás de lo que Salomón muestra en sus enseñanzas. Cito uno más. ¿Sobre qué hablaría Él cuando explicaba sobre las plantas? Seguramente de sus propiedades.
Una ocasión, un antropólogo que platicaba con uno de los guías espirituales de una tribu del Amazonas, le preguntó: ¿Cómo es posible que de la enorme cantidad de plantas que existen en la selva, ustedes pudieron saber cuál es útil para traer salud a cierta enfermedad? La respuesta lo dejó sorprendido. ¡Porque la planta nos lo dice! Conocimiento como este y mucho mayor tenía Salomón derivado de su sabiduría.
Todos podemos adquirir el conocimiento que viene de la sabiduría.

Santiago, uno de los discípulos de Jesús escribió que podemos pedir sabiduría. Sin embargo, esto no significa pedir y quedarse en una actitud pasiva. Implica una búsqueda profunda que lleva a investigar, preguntar, cuestionar, verificar, meditar y, sobre todo, a estar abiertos a aprender, libres de prejuicios.
También implica transformarse, renovar las formas de pensamiento, soltar y dejar ir. Fluir en lugar de resistir y sanarse a uno mismo dejando de lado los venenos que corroen la mente y las emociones, cómo son los sufrimientos crónicos derivados de viejas historias que no se sueltan, la auto desvalorización o las creencias de impotencia y escasez.
Sanarse a sí mismo es encontrar formas únicas de reconciliarse con el poder interno que radica en nuestro espíritu, con base en que somos parte del Todo, de Dios que todo lo llena, pero la mayoría no accede a ese poder interno, por todo el ruido interior y exterior en el cual viven.
Adquirir el conocimiento que proviene de la sabiduría es posible, pero estas acciones deben convertirse en hábitos. Porque nadie se levanta por la mañana y dice: ¡Pedí sabiduría y ahora soy sabio! Pero si se tienen presentes los principios y propósitos que se deben seguir, los cuales abundan en las enseñanzas de Salomón; de las formas menos imaginables la sabiduría llegará, y las decisiones que se tomen en el día a día se harán cada vez con mayor prudencia y sensatez. Esto no implica que ya no habrá errores, pero la inteligencia, prudencia y sensatez llevará a disminuirlos.
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