COLUMNA 1 DE LA SABIDURÍA. CONOCIMIENTO O SABER. (Parte 2)
- José Luis Taddei

- 6 oct 2022
- 7 Min. de lectura
Por José Luis Taddei.

Si hoy te preguntaran quién eres, ¿qué responderías? La inmensa mayoría no tiene una idea clara de su identidad personal y de dónde ésta procede, por lo que no saben cómo dar respuesta a esta pregunta; y si lo hacen, debido a la cultura, los medios o la sociedad, lo que expresan es una imagen inexacta y a veces empobrecida de sí mismos; lo que, en la práctica, los ha llevado inconscientemente a actuar de una forma opuesta a quiénes realmente son.
Desde el punto de vista de la psicología, las personas desarrollan su identidad personal a partir del inicio de su vida, y la van moldeando a lo largo de ella mediante el conocimiento de su entorno, por la manera en que perciben sus emociones, motivaciones y anhelos, y por la forma en que procesan las experiencias con su cuerpo, la relación con su familia, la escuela o el entorno socio cultural; con lo cual, crean una imagen o auto concepto que debe servirles, dice, para dar respuesta a esta trascendental pregunta.
Desde esta perspectiva, cuando se les pregunta, ¿quién eres? Suelen definirse por sus cualidades y defectos, por sus valores, creencias personales, expectativas, sueños y deseos, por los estados emocionales que los caracterizan o, por sus experiencias de vida.
Con base en esto, algunos dicen: Soy sensible, amable, trabajador, decidida, de mano firme, profesionista, enojón, extrovertida, introvertido, tímida, miedoso, alegre, detallista, perseverante y como estos, muchos otros calificativos más. Es decir, su identidad la definen por las conductas, habilidades y creencias que tiene de sí mismos, todo aquello que los impulsa y los lleva a ser quienes creen que son.

Sin embargo, la identidad, desde el contexto de la sabiduría, no es algo que se moldea con base en las experiencias vividas; sino por el contrario, demanda deshacerse de muchas de ellas; a fin de dejar de estar atrapados por los pensamientos negativos generados por algunas experiencias desagradables, y por las maneras de ser que con base en ellas han construido.
Es a causa de estas experiencias, por lo cual algunos se consideran tímidos, incapaces, insuficientes, con miedos; o, tienen un bajo concepto de sí mismos, sintiéndose afectados, a menudo, por las opiniones de los demás.
En el lado contrario, otros son prepotentes, de los que dicen: “no me dejo de nadie”, “el qué me la hace me la paga”; “primero yo, después yo y luego yo”; con todas las actitudes propias de esas maneras de pensar y actuar, y creen que esto es lo que son, inconscientes de su impacto en sí mismos y en otros, lo cual, en ambos casos, no es verdad.
Ahora, ¿de dónde nacen estas formas de ser? De la falta de sabiduría que clama en las calles, que en las plazas alza su voz; que clama en los principales lugares de reunión; y que en las entradas de las puertas de la ciudad dice sus discursos; y dice: El que me oyere, habitará confiadamente y vivirá tranquilo, sin temor del mal. Pro. 1:20-21, 33
Sin temor a padecer adversidades, aflicción, agravios, calamidades, desastres, desgracias, situaciones dolorosas, injusticia o maldad; porque mal viene de la raíz Rah רַע y todo esto, es lo que esta palabra significa en el lenguaje original.

No sólo eso. Además, Salomón dice que es bienaventurado el hombre que halla la sabiduría. Pro. 3:18. Es decir, que va hacia adelante, prospera y es feliz, que es lo que en el lenguaje original bienaventurado significa.
Entonces, desde el contexto de la sabiduría, la identidad surge de una posibilidad distinta que no está contaminada por los hechos del pasado, y donde no hay etiquetas que haya que auto adjudicarse.
Considera esto. Los seres humanos estamos constituidos por espíritu, alma y cuerpo. Ahora, imagina un auto en movimiento. Está siendo conducido por un conductor y su copiloto. Si ese auto junto con sus conductores que ves en movimiento fueras tú, y te preguntaran ¿quién de los tres eres? ¿El auto, el copiloto o el conductor? ¿Qué responderías?
El auto es nuestro cuerpo físico, el copiloto es nuestra alma. ¿Quién es el conductor? Debe ser nuestro espíritu, lo que realmente somos, una parte de Dios en nosotros, que cuando experimentemos lo que muchos creen que es el fin de la existencia, lo que le llamamos muerte, regresará a Él que nos lo dio.
Por eso salomón señaló: Todo va a un mismo lugar; todo es hecho del polvo, y todo volverá al mismo polvo. Ec. 3: 20 Y también afirmó: El polvo vuelva a la tierra, como era, y el espíritu vuelve a Dios que lo dio. Ec. 12:7
Sin embargo, la inmensa mayoría no se ve de esta manera, y vive creyendo que es el automóvil, el cuerpo que tarde o temprano caducará, se destruirá. Por otro lado, le han dejado el mando del automóvil al copiloto, a su alma, con todas las distorsiones que experimenta por el ego que a lo largo del tiempo se ha enfermado. Empero, desde la sabiduría, la visión de la identidad es totalmente distinta a la de la psicología, y nos lleva a descubrir lo que realmente somos. Lo explico.
Cada ser humano somos como una lámpara encendida que, a lo largo del tiempo, por uno mismo o por otros, con diversas capas se cubrió su luz. La luz quedó oculta, no se puede ver más. ¡Pero la luz está allí! Esa luz es nuestro espíritu.
Salomón lo dijo así: En su momento, Dios todo lo hizo hermoso, y puso en el corazón de los mortales la noción de la eternidad, aunque éstos no llegan a comprender en su totalidad lo hecho por Dios. Ec. 3:11 RVC
¿Qué se requiere para hacerlo visible? Quitarle las capas que lo cubren. Son las frases, actitudes, agresiones o abusos que muchos han sufrido, o los falsos conceptos que de sí mismos han creado derivado de ello a lo largo de su vida, lo que los ha llevado a tener un alma y un ego enfermos.
Frases cómo, nunca serás alguien. Eres un fracasado. Sirves para nada. O, yo no puedo lograr eso, no soy capaz, no soy suficiente. O, insultos, humillaciones, desprecio. O, abuso sexual, físico o emocional. O, las actitudes que a causa de esas vivencias tomaron de agresividad, prepotencia, intolerancia, odio, resentimiento o baja autoestima: O, el ego enfermizo diciendo, soy mejor que los demás y no necesito de nadie y muchas otras frases y actitudes con las que construyeron lo que Pablo el apóstol le llamó, “el viejo hombre”.
Deshacerse de las capas de esa falsa identidad acumuladas a lo largo del tiempo, formadas por el miedo, las humillaciones, la vergüenza, los sentimientos de insuficiencia o el resentimiento: lo cual es posible, cuando descubrimos nuestra verdadera identidad, que es la que nos permite actuar desde lo verdaderamente valioso, desde el centro de nuestro ser, desde el espíritu del que fuimos dotados, el que debe conducir el automóvil mientras estemos en esta tierra.
Y desde esta identidad, es posible vivir libres de idolatrar las cosas que no tienen valor, libres de enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, desacuerdos y otras maneras de ser derivadas del egocentrismo, de la amargura, del dolor sufrido, para en su lugar, despojados de esas ataduras, expresar amor, alegría, paz, paciencia, bondad, servicio a otros, fe, humildad y dominio propio; como una expresión de nuestro verdadero carácter, que es en nuestra esencia quién verdaderamente somos; maneras de ser contra las que no hay ley que se oponga.
Por lo tanto, cuando me preguntan, ¿quién eres? Mi identidad, desde el conocimiento que viene de la sabiduría, me lleva a dar una respuesta concreta a esta trascendental pregunta; basado en que, si al momento del nacimiento me la hubieran hecho y hubiera tenido la capacidad para responderla, desde el punto de vista de la psicología ninguna respuesta hubiera existido, porque en ese momento era una página en blanco, y no tenía idea alguna acerca de mí mismo.
Pero si hubiera podido hacerlo, la única respuesta posible que en ese momento habría dado, es la misma que me define hoy: YO SOY LA POSIBILIDAD DE SER LO QUE QUIERA SER; Y POR SER ESPÍRITU, IMAGEN Y SEMEJANZA DE DIOS, TENGO LA CAPACIDAD PARA HACER QUE LO QUE DESEE, EXISTA.
Y esta definición, es la más exacta definición que podemos dar, la cual no viene de ataduras o experiencias del pasado. ¿De dónde surge? Del espíritu que mora en nosotros, el cual está hecho del mismo molde de Quien nos creó, que es lo que significa estar hechos a Su semejanza.

Desde esta identidad que viene de la sabiduría, ¿qué posibilidades puedo crear, con las cuales puedo comprometerme el resto de mi vida? Las que yo quiera y cuando las defino, tengo el poder para entregarme por completo a aquello a lo que me comprometo ser, y eso es lo que hace posible que lo que desee, porque lo creo, exista; la realización de mis aspiraciones sobre cualquier consideración que argumente que no es posible.
Esta es la posibilidad que está dispuesta para todos, para ponerse en acción, para tomar decisiones que no se pensó que se podrían tomar, y desde allí, generar resultados extraordinarios de armonía, amor, paz, alegría y felicidad.
Para quien se atreva, a partir de las posibilidades que invente, provocará una transformación en su vida y podrá crear también estas posibilidades para su familia, su equipo de trabajo, sus amigos y para su siguiente generación. Porque esta posibilidad ya está en nosotros, por ser quienes somos, la expresión del espíritu, nuestra esencia divina que está esperando manifestarse a fin de que cumplamos nuestro propósito.

Salomón dijo: El entendido en la palabra hallará el bien, y bienaventurado es el que confía en el Señor. Pro. 16:20
La palabra Bien, viene de la raíz hebrea Tob טויב; y significa entre otras cosas; En el sentido más amplio; cosas buenas, bienes, alegría, bienestar, éxito, felicidad, prosperidad; y bienaventurado, en el lenguaje original es Ésher; que significa felicidad; ¡cuán feliz!, dichoso. De allí que concluyera: Manantial de vida es el entendimiento al que lo posee. Pro. 16:22
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