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COLUMNA 1 DE LA SABIDURÍA. CONOCIMIENTO O SABER. (Parte 1)

  • Foto del escritor: José Luis Taddei
    José Luis Taddei
  • 30 sept 2022
  • 4 Min. de lectura

Por José Luis Taddei

No hay que confundir conocimiento con sabiduría. El primero es útil para ganarnos la vida; la sabiduría, para que vivamos bien. Sorcha Carey
Profesora de arte clásico y directora artística inglesa. (1943 -)

A lo largo de la historia, la inteligencia del hombre lo ha llevado a adquirir conocimientos en las diferentes ramas del saber, los que han contribuido al progreso de la humanidad. Este conocimiento le ha dado al ser humano una gran sabiduría cuyo valor, Salomón mismo lo reconoce cuando dijo: “Según su sabiduría es elogiado el hombre” Pro. 12:8.


Sabiduría en el lenguaje original de esta afirmación, se deriva de otra raíz distinta a las que mencioné en el capítulo anterior.

Es una sabiduría fundamentada en el conocimiento cultural intelectual, que proviene de la información adquirida a través de la formación académica en diferentes campos y de la experiencia, dándole al ser humano un contenido intelectual que, a su vez, lo ha llevado a adquirir destrezas que luego, pueden producirle éxito y prosperidad.


Pero hago una precisión. Aunque la educación académica es importante por la información y habilidades que se adquieren, útil además para combatir la


ignorancia, la pobreza y para el desarrollo y progreso del individuo y de la humanidad; este conocimiento es distinto, al que procede de la sabiduría mencionada por Salomón las otras cincuenta y nueve veces; y la diferencia es la siguiente.


El conocimiento cultural intelectual que viene de la mente, tiene como objetivo producir resultados tangibles en el exterior, mientras que el conocimiento que viene de la sabiduría divina, tiene como objetivo producir transformación en el individuo y resultados intangibles en el interior, que luego, tangiblemente, se manifestarán en el exterior, y está disponible para cualquiera, independientemente de que tenga formación académica o no.


Este es el tipo de conocimiento derivado de la sabiduría que Dios le había dado a Salomón. Es decir, él no tuvo algún “secreto” para ser sabio, únicamente aplicó los principios de sabiduría que Dios le dio y de la misma forma, enseñó que ese es el camino, porque Dios da la sabiduría y que de su boca viene el conocimiento Pro. 2:6.


Por esta razón, se le reconocía con una sabiduría mayor que la de los sabios de la época y aún de los mismos egipcios. Y era de tal dimensión, pues mientras por un lado componía tres mil parábolas y mil versos, algunos contenidos en los libros de Proverbios y Cantares, por el otro, disertaba y explicaba metódicamente sobre diferentes materias.


Acerca de los árboles, igual enseñaba sobre el cedro del Líbano, que de los hisopos; una planta olorosa con espigas de flores y fruto como la nuez. Lo mismo hacía respecto a los animales, las aves, los reptiles o los peces, y era tal su fama entre todas las naciones de alrededor, que venía gente y aun reyes de otros lugares a escucharle. Fuente: 1 Reyes 4:29-34 2 Crónicas 9:22-23


El conocimiento que viene de esta sabiduría lleva a ser astutos, pero con cordura; a la armonía, a la compasión y a la creación de valor para uno mismo y para otros. Contribuye al desarrollo del carácter, pues proporciona madurez, serenidad, claridad y equilibrio a nuestros pensamientos y juicios, lo que nos hace prudentes al hablar y actuar, evitando con ello caer en la insensatez. Además,

  • Encauza nuestras emociones.

  • Posibilita las relaciones saludables.

  • Nos provee de herramientas para el manejo eficaz de nuestras finanzas.

  • Actúa a favor de nuestra salud.

  • Nos proporciona un sentido de seguridad personal, estabilidad, bienestar y prosperidad.

  • Construye hogares fuertes y promueve relaciones saludables.

  • Evita cometer errores.

  • Contribuye a enfrentar con éxito cualquier situación difícil, porque permite tomar mejores decisiones.

  • Potencia la salud y la longevidad.

  • Contribuye a generar con abundancia, los bienes que necesitamos para vivir, nos guía para administrarlos correctamente y a multiplicarlos a favor de nosotros y de otros, porque sin sabiduría, el dinero por el que intercambiamos vida, es fácil perderlo.

  • En síntesis, el conocimiento derivado de la sabiduría divina nos posibilita a vivir mejor, con plenitud, libertad, en paz, con calidad de vida

Sin embargo, para que eso suceda, hay que convertir a la sabiduría en una materia de estudio. Así lo afirmó Salomón cuando señaló: “Mejor es adquirir sabiduría que oro preciado; y adquirir inteligencia vale más que la plata.” Pro. 16:16.


Y también advirtió: Si eres sabio, para ti lo serás; y si no, pagarás las consecuencias. Pro. 9:12 Aunque también habló de su beneficio al señalar: Así será a tu alma el conocimiento de la sabiduría; si la hallas tendrás recompensa. Pro. 24:14

¿POR DÓNDE EMPEZAMOS?


En el capítulo anterior mencioné, que el principio de la sabiduría está en la reverencia y respeto a Dios, tal como Salomón lo señala en su primer capítulo. Pero luego, en el segundo, señala que, si buscamos la sabiduría, comprenderemos lo que reverenciar a Dios significa y que hallaremos su conocimiento.


Y hay dos palabras que clave en esta última frase. Hallar y conocimiento.

Y la segunda, conocimiento, tiene la misma raíz que sabiduría; daat דָּ֫עַת. Es decir, Salomón está diciendo que descubriremos y entenderemos la sabiduría de Dios.


¿Y en dónde está la sabiduría de Dios? En toda la creación, empezando por el hombre. Salomón lo dijo de la siguiente manera. Todo lo hizo hermoso en su tiempo; y ha puesto eternidad, en el corazón de ellos, sin que alcance el hombre a entender la obra que ha hecho Dios desde el principio hasta el fin. Ec. 3:11



Entonces, si quiero comprenderla, debo empezar por descubrir y entender quién soy yo, esta maravillosa obra de Dios, cuya posibilidad de ser es ilimitada. Por eso, la gran máxima que aparecía en el templo de Apolo, situado en la ciudad griega de Delfos de la Grecia antigua, era: CONÓCETE A TI MISMO.


Sobre ello, el antiguo sabio Aristóteles, dijo: El conocimiento de uno mismo es el primer paso para toda sabiduría. Y otro sabio de la era moderna, Carl Gustav Jung, escribió: Tu mirada se aclarará solo cuando puedas ver dentro de tu corazón. Aquel que mira hacia afuera, sueña; aquel que mira hacia adentro, despierta.


Comprender quienes somos, la analizaré en el próximo capítulo.


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